La La Land: La película del año

La La Land (La ciudad de las Estrellas) es la gran favorita para los Oscars de este año tras conocerse sus 14 nominaciones. Que un musical consiga este record ha servido para abrir un encendido debate entre la crítica y los aficionados. ¿Son demasiadas nominaciones? ¿Se han pasado para una película que no es para tanto? El título de esta reseña creo que deja muy claro mi punto de vista, pero voy a intentar dar mi opinión lo más razonadamente posible.

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En medio del típico atasco en una autopista de Los Angeles veremos el primer encuentro fortuito entre Mia (Emma Stone), una aspirante a actriz, con Sebastian (Ryan Gosling), un pianista enamorado del jazz clásico cuyo sueño es abrir un club donde solo se toque lo que a él le apetezca. Y aunque a priori no tienen nada en común, la llama de la pasión surgirá tras coincidir en varios eventos. La gran duda que habrá que resolver es si su amor podrá resistir al paso del tiempo y sus diferentes formas de ver la vida.

Este es a grandes rasgos el argumento de la película, escrito por el director Damien Chazelle, autor de la oscarizada Whiplash, que ganó 3 Oscars en 2015 (Actor Secundario J.K. Simmons, Mejor Montaje y Mejor Sonido) y fue para mi una de las mejores películas de ese año. Y lo cierto es que el guión de La La Land lo escribió mucho antes que el de Whiplash, pero los estudios se negaron todos a producir una película musical, lo que le “obligó” a desarrollar el guión de Whiplash, la brutal película que estudia la obsesiva relación de un batería de jazz con su brutal profesor.

Solo tras el éxito de crítica y público de Whiplash, Chazelle pudo conseguir la financiación para esta historia que es un homenaje al género musical actualizándolo para el siglo XXI, y también a Hollywood / Los Angeles como el lugar donde los sueños nacen y se cumplen, y a la profesión de artistas en el más ámplio sentido del término, como los “locos” que se atreven a soñar con lo más alto por muy imposible que parezca, y cuya profesión es más importante que nunca en esta sociedad de la información y de Internet.

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Por empezar por lo malo, La La Land es un musical. ¿Y eso es malo, te preguntarás? Sí, si eres de los que no te gusta este género. En ese caso, lo normal es que la película no encaje contigo.  Y aún en el caso de que no tengas ningún problema con el género, hay en todo musical una parte fundamental para disfrutarlo que es el entrar en el “juego”, dejar que la música te empape y que la historia te llegue no desde un punto de vista analítico sino emocional.

En mi caso, la conexión fue automática desde el primer fotograma en el que asistimos al brillante número musical en medio de un atasco en la autopista. Y desde el primer minuto al último sentía que formaba parte de la magia del cine, una magia que siempre encontró en los musicales un aliado perfecto. Pero, volviendo al principio, puedo entender que aunque a mi me ha encantado, muchos espectadores que no hayan entrado en el “rollo” y que por tanto la película no les haya trasmitido lo mismo que a mi.

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Otra de las cosas que me ha gustado mucho de La La Land es como actualiza el género a los gustos del Siglo XXI. Para mucha gente los musicales son historias ñoñas sin demasiado trasfondo, protagonizadas por personajes guapos y perfectos que al final consiguen todo lo que desean. Y para mi La La Land no es eso, y aporta mucha más profundidad a los personajes y sus vivencias.

De hecho, el personaje de Sebastian es un snob que mira a todo el mundo por encima del hombro que piensa que solo él entiende lo que es el Jazz “puro” y que todos los demás lo están pervirtiendo y desnaturalizando. Su extremismo hace que cuando toque en un grupo de éxito, se comporte como un chungo, como si ese tipo de música no tuviera la suficiente categoría para él. Y es el líder de esa banda, interpretado por el cantante John Legend el que le da una de las réplicas más interesantes de la película, cuando le dice “¿Como vas a ser un revolucionario si eres tan tradicionalista? Te aferras al pasado, pero el Jazz sobre es todo es mirar hacia el futuro”. Y sobre todo, cuando le dice que para que el jazz sobreviva, este género tiene que ser escuchado por las nuevas generaciones.

Damien Chazelle deja claro el punto de vista de Sebastian, pero no intenta que los espectadores creamos que tiene razón o está en posesión de la verdad, sino que plantea la problemática real que está viviendo la música en la actualidad, sin dar soluciones fáciles que no son reales.

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Por su parte, Mia (Emma Stone) roba todas las escenas y es la gran protagonista de la función. Gosling demuestra tener una gran química con ella en pantalla con su papel de cascarrabias a la que Stone le enseña que puede ser feliz. Pero cuando Stone está en pantalla, parece que la pantalla es más brillante y todo es mejor. Mientras Gosling canta y baila correctamente, Stone fluye en pantalla. No se si ganará el Oscar de Mejor Actriz, pero para mi se lo merece sin duda.

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Los números musicales son excelentes, sobre todo el brillante arranque en la autopista y el largo número final, una maravilla desde el punto de vista narrativo, visual y del sentimiento que trasmite. Quizá toda la parte central no llega al nivel de sobresaliente, pero mantiene un notable alto en todo momento.

Otra cosa que me ha parecido curioso es que aunque estamos en un musical, realmente no hay tantos números musicales durante las 2 horas de película, ni hay muchas canciones diferentes. Chazelle opta por volver una y otra vez a los temas principales, escritos por Justin Hurwitz, de forma que nuestro oído interioriza la música y esta llega a  formar parte de nuestro corazón.

Otro hecho que yo destaco es que Gosling y Stone cantan y bailan todo lo que Chazelle les pide, que es lo que la historia demanda de ellos. No son unos figuras ni falta que hace, porque se trata de expresar sentimientos, no de mostrar una pericia profesional en las artes escénicas. Además, es Gosling el que realmente toca el piano en pantalla, otra de las sorpresas positivas de la película.

Y una cosa muy chula que me ha pasado es que aunque hace 2 semanas que vi la película, se me sigue formando una sonrisa tonta cada vez que pienso en la película y tarareo “City of Stars” cantada por Gosling o “Here´s to the ones who dreams” de Stone. ¿No es algo mágico? Esto es para mi sin duda la magia del cine.

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La película a veces parece una guía de turismo de Los Angeles ya que está rodada en un montón de sitios míticos de la ciudad, como son los estudios Warner, El Observatorio Griffith, el muelle de Long Island o el puente de Colorado Street en Pasadena. De hecho, una web ha creado un mapa genial que puedes ver aqui con la ubicación real de todas las localizaciones de la película, para que puedas visitarlas si estás en L.A.

Otro de los hechos que sin duda ayudó a que me enganchara la película es recordar mis tiempos de estudiante en Pasadena y como visité muchas de estas localizaciones durante mi estancia, lo que hizo que me flipara inmediatamente este claro homenaje a Hollywood y Los Angeles como lugar donde se crean los sueños.

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Otro aspecto brillante que no quiero dejar de destacar es la brillante fotografía de Linus Sandgren que crea escenas de gran belleza, con o sin música. Visualmente la película se sale, pero en especial quiero destacar la habilidad que tiene Chazelle de filmar la música, algo que ya se vió en la excelente Whiplash, y para lo que no todo el mundo tiene la habilidad suficiente. Se nota que el cine es su principal pasión, pero la música está muy muy cerca en su corazón. Los claroscuros o las explosiones de color están muy calculadas para que la música se sienta más que simplemente se escuche.

Pero no es solo la música, cinematográficamente la película fluye perfectamente y para mi forma un todo compacto que es mejor que la suma de sus partes, y demuestra como estamos ante una película mágica.

Director Damien Chazelle and Emma Stone on the set of LA LA LAND.

He leído y oído en radio, prensa y foros a mucha gente que dice que La La Land “no es para tanto”. Y aunque por supuesto respeto y entiendo que tiene que haber opiniones para todos los gustos, me parece que en parte estamos ante un punto de vista un poco cínico. Es muy fácil decir a posteriori que los números musicales o las canciones podrían ser mejores, o que la historia no es tan buena, pero ¿quién se hubiera arriesgado a priori a poner dinero para rodar una película de un género como es el musical? El musical como género parecía muerto y enterrado, y sin embargo tras La La Land, Chazelle ha conseguido lo que para mi es la cuadratura del círculo: Ha creado un gran musical que triunfa por sus propios méritos, homenajeando el pasado y mirando hacia el futuro con esperanza, mostrando que las oportunidades son tan infinitas como los sueños, solo hace falta atreverse a alcanzarlos. Ahora mismo, la posibilidad de que se estrene un musical por año no es nada descabellado, y más si La La Land gana un buen puñado de Oscars.

Además, el final me gustó mucho y para mi es perfecto, precisamente porque se aleja de los finales típicos y esperables en este género, y consigue dejarte con un cierto regusto agriculce por el destino final de Mia y Sebastian. Como dije ante, para mi La La Land no es una historia de amor, sino un homenaje a la profesión de artista que tiene el valor de soñar y de luchar porque sus sueños se hagan realidad. En este aspecto el final es optimista porque trasmite que todos debemos luchar por lo que soñamos.

Hay mucha gente que en lugar de destacar esto se centra en lo que se queda en el camino, y para mi eso es no entender el mensaje casi de cuento atemporal que atesora la historia de La La Land, y que creo que hará que dentro de 10/15 años sigamos viéndola y disfrutándola sin que parezca que ha envejecido mal. En este aspecto, Damian Chazelle demuestra que ama el género y al crear su propio musical ha buscado no solo homenajear el género, sino actualizarlo y convertirlo de nuevo en el centro de atención.

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Este fotograma de Mia y Sebastian bailando con las colinas de Los Angeles destacadas por el atardecer ha convertido ya en una de las imágenes más icónicas y creo que forma ya parte de la historia del cine. No solo por la belleza de la escena en si, sino porque sirve de metáfora de la película: Dos personas muy diferentes se encuentran en un momento de sus vidas y su relación cambiará su destino. Y aunque sus vidas sigan su curso por separado, nunca olvidarán los momentos que compartieron.

Aprovecho para compartir el trailer de la película que no te puedes perder:

La La Land es una película excelente. De hecho, yo no soy fan del género de los musicales, pero sin embargo está película me ha llegado al corazón. Una película totalmente recomendable.

PUNTUACIÓN: 9/10 

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